viernes, 24 de julio de 2009

Demian.

Autor: Herman Hesse.
Editorial: varias.
Disponibilidad: ALTA
*****
Este libro me lo habían regalado cuando tenía quince años, por alguien que lo había leído a la misma edad. Una persona muy querida, me lo recomendó y yo hice caso. Descubrí que no era nada parecido a lo que había leído hasta el momento. La juventud de Emil Sinclair es algo que cualquier persona de esa edad no puede más que sentir afinidad. El enigmático personaje de Damián, te magnetiza desde el primer momento. Es el modelo de amigo que todo chico alguna vez tiene, sea en alguien un poco mayor o en un adulto compinche. Muchos acusan al autor de nazi, ignorante debería decir. Su ideología política no condice con lo estipulado sobre todo en esta obra. Y en definitiva, su pensamiento político poco tiene que ver en una obra juvenil que resalta unos valores muy distintos a los del nacional-socialismo. Me atrevo a defender a Herman Hesse de esos apelativos hechos por neófitos estúpidos, ya que ser alemán no amerita ser nazi. De hecho, el adquirió la nacionalidad suiza y durante la primera guerra mundial había escrito un articulo donde pedía que Alemania no cayera en el nacionalismo.
Dejando la historia política de Europa un poco aparte, no mucho, vemos como la historia personal del autor se ve reflejada en la novela. El episodio de la guerra, la gran guerra, sumado a otros elementos hablan de un autor que sin hacer un panfleto no deja de ser humano. Este libro se piensa muchas veces como parte de una trilogía desconectada. Formada por Damián, Siddartha y el Lobo estepario. Siendo cada uno de los tres una etapa de la vida. Damián, es la juventud. Siddartha, la adultez y el Lobo estepario la vejez. Creo que si alguien tuviera que leer estos tres libros debería ser cuando se encuentre en cada una de las etapas que representan. Mi más ferviente recomendación para esta hermosa obra de la literatura contemporánea.
Mi puntaje: 9 libres.
Reseña encontrada:
“La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin, viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial. Alguno no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga. Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez. Pero cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos orígenes comunes: las madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno –tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin. Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.”

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