jueves, 28 de mayo de 2015

Demoliendo mitos 2: Necronomicón, no existís.

Howard Phillips Lovecraft es un gran escritor de historias de terror. Eso lo sabe todo el mundo. Utilizar a Lovecraft como línea de conquista romántica no es lo ideal, diría yo. Pero una vez presencié como uno le hacía todo el verso a una chica joven y bastante ingenua por cierto, utilizando a Lovecraft. Lo que le estaba relatando al mejor estilo discursivo de “Alienigenas ancestrales” era la intro de El Horror de Dunwich donde se da cuenta el paradero de las cinco copias del Necronomicón. Como mi intención nunca fue escupirle el asado a nadie, lo dejé estar. Pero la sarta de incoherencias que escuché esa noche, fue larga. Que una copia la tienen en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires. (¿Dónde queda eso si se puede saber?) O sea, cada facultad de la UBA tiene una biblioteca, pero no existe una central o que se denomine de esa forma. 
Todo lo dicho estaba sacado de este cuento y de algunos rumores que se gestaron alrededor de la obra de Lovecraft. Cuando tiempo después seguimos hablando, este sujeto creía de verdad que todo sobre los primigenios, los profundos, etc. Todo era real. Creía en Dagón y Cthulhu como algunos creen en el diablo. No lamento informarle a esos delirantes que toda esa mitología es una invención del autor. Lovecraft creía en inventar nuevas mitologías y no usar y abusar de las ya existentes, como hacen otros. Intentar alegar que todo existe y que el autor no hizo nada es restarle un mérito que merece con todas las de la ley. El Necronomicón no existe pese a lo que pataleen algunos. Lo que si existe es un libro de ilustraciones de H.R. Giger (el diseñador de Alien, padre de la criatura) que está basado en el mito lovecraftiano. Pero todo lo otro que dice Necronomicón, no importa que tan linda sea la encuadernación, es una versión apócrifa. Libro tan fácil de falsear como tomar todas las citas que inventó H.P. Lovecraft en sus historias, citas de ese libro arcano que el propio autor mechó en sus invenciones. Borges haría algo similar años después, aunque quizá sin intentar emular a su colega. Citar autores inexistentes, libros nunca publicados. El Necronomicón, citado y mostrado en películas y series, es tan real como cualquier otro personaje de ficción, es decir, nada. 

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